Hablar del acoso no debe dar miedo: solo si lo visibilizamos podremos erradicarlo

Entrevista a María Benítez, coordinadora del proyecto Jóvenex en Acción, de la Fundación La Gran Compañía 

El acoso y el ciberacoso escolar siguen siendo una realidad preocupante que afecta a miles de menores y familias en nuestro país. Desde la Fundación La Gran Compañía, el proyecto Jóvenex en Acción trabaja en la prevención, sensibilización y detección temprana de este tipo de situaciones dentro y fuera de los centros educativos.

Charlamos con María Benítez, coordinadora del proyecto, sobre cómo identificar el acoso, el papel de las familias, los protocolos escolares y la importancia de hablar de este problema sin tabúes.

¿Cómo se define el acoso escolar y qué lo diferencia de un simple conflicto entre compañeros?

El acoso escolar es una forma de maltrato que se repite durante un largo periodo de tiempo. Suele producirse en grupo hacia una persona de forma individual. La diferencia principal con un conflicto es la reiteración: el conflicto es puntual, mientras que el acoso se mantiene en el tiempo y genera un daño continuado.

¿Cuáles son las señales que pueden alertar a una familia o a los docentes?

Lo primero suele ser un cambio de actitud en el menor: una bajada en el rendimiento académico, aislamiento social, problemas de conducta o incluso alteraciones en la alimentación. Son señales que invitan a estar atentos y preguntar qué puede estar ocurriendo.

¿Y cómo identificar cuándo un menor está actuando como agresor, quizás sin ser del todo consciente?

A veces se percibe una falta de empatía o sensibilidad hacia los demás, comportamientos disruptivos o desafiantes, y una tendencia a normalizar conductas violentas. Muchos niños y adolescentes ven violencia en videojuegos, redes sociales o su entorno, y lo asumen como algo normal. Esa normalización es uno de los mayores peligros, porque puede derivar en comportamientos de acoso sin que ellos mismos lo adviertan.

¿Qué papel tienen las familias en la prevención y detección del acoso?

La familia es clave. Si el niño cambia su comportamiento, muestra más tristeza o rabia, algo pasa. Es fundamental dialogar con ellos, ofrecer apoyo y escuchar sin juzgar. A veces no son capaces de contarlo, pero deben sentir que tienen un lugar seguro al que acudir. Y si hay sospecha, denunciar y comunicarlo al centro educativo es esencial. Cuanto antes se actúe, antes se puede evitar una tragedia.

¿Qué recursos existen en los centros educativos para abordar estos casos?

En los centros hay un protocolo de convivencia para fomentar relaciones sanas y un plan de actuación frente al acoso escolar, gestionado desde los departamentos de orientación.

Este plan no se activa solo ante casos graves, sino que también sirve para detectar indicios, investigar y ayudar tanto a la víctima como al agresor, porque muchas veces los comportamientos violentos también responden a problemas familiares o emocionales.

¿Qué consecuencias puede tener el acoso escolar en la salud mental de los menores?

El impacto puede ser devastador. Ansiedad, depresión, problemas psicosomáticos, autolesiones, aislamiento, baja autoestima o incluso suicidio. Son consecuencias reales y graves que muestran por qué la prevención y la detección temprana son tan importantes.

¿Qué apoyo ofrece la Fundación La Gran Compañía ante estas situaciones?

Además de las acciones de sensibilización y prevención en centros educativos, ofrecemos apoyo psicológico a quien lo necesite. Escuchamos, orientamos y acompañamos tanto a las víctimas como a las familias o profesionales que buscan herramientas para intervenir.

¿Por qué sigue costando tanto hablar de acoso escolar en la sociedad?

Porque aún hay miedo y prejuicios. Es un tema delicado y muchas veces se rodea de silencio. Pero hay que hablarlo. Es un problema común que debemos afrontar juntos.

No se trata de normalizar el acoso, sino de normalizar la conversación sobre él para poder erradicarlo. No sirve lamentarse cuando ya hay una tragedia: tenemos que tender la mano antes, cuando alguien está sufriendo.

¿Qué tipo de actividades desarrolláis dentro del proyecto Jóvenex en Acción?

Trabajamos con los centros educativos en dos sesiones principales. La primera se centra en el acoso, con dinámicas participativas para que los jóvenes aprendan a reconocer comportamientos inadecuados, tanto si los sufren como si los presencian. La segunda sesión aborda el ciberacoso y el uso responsable de las redes sociales, uno de los grandes retos actuales.

¿Y qué mensaje final lanzaría a niños, familias y docentes?

Que nadie mire hacia otro lado. El acoso no empieza con un suicidio, empieza con pequeñas acciones que se repiten. Todos, familias, docentes y compañeros, tenemos la responsabilidad de detectar, actuar y ayudar. Tender la mano a quien lo necesita y no reforzar los comportamientos de quienes hacen daño. Solo así podremos construir una sociedad más empática y segura.